jueves, 17 de enero de 2013

Ha pasado ya bastante tiempo,
al menos eso a mi me parece.
Cada vez el frío cala menos,
la lluvia ya no moja,
el calor es menos sofocante,

las hojas ya no caen de los arboles.

Las mejillas húmedas se han hartado,
el cansancio ha vencido a los ojos,
el cuerpo ha dejado de temblar,
la sed ha disminuido,
los brazos se sienten pesados,
las piernas no responden,

la respiración se recupera.

Cada vez todo parece más real,
cada vez el cansancio es más insoportable.

Cada vez el camino esta más amplio,
la neblina se ha ido.

Cada vez entiendo mejor que pasa,
pongo más atención a los detalles.

Mi alma se rompio,
todo, todo lo bueno y malo se ha ido.
La soledad se ha encajado
en cada rincón de mi.
Se me fueron las ganas,
se me agotaron las energías.

Me canse de repetir palabras
y de escucharlas de vuelta.
El cielo se me vino abajo,
el cielo sobre el que soñaba.

Parecería que me he repuesto,
que he dejado atrás el llanto y el sufrimiento.
Pero es erróneo, una falsedad.

Una mascara que sola se ha plantado
sobre mi rostro aun devastado.


Perdí todo, todo lo que había en mi.

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